Hay eventos a los que uno asiste para escuchar cifras y regresa con varias ideas que vale la pena detenerse a mirar con calma, más que simplemente enumerar y el IV Foro de Eficiencia Energética, organizado por la Cámara de Industria de Guatemala, fue uno de esos espacios. No tanto por lo que se dijo en el escenario sino por lo que ese contenido invita a pensar sobre hacia dónde va nuestro sector y el lugar que ocupamos en él.

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa lejana
Durante se ha hablado de la inteligencia artificial aplicada a la energía casi como un horizonte: algo que llegaría, eventualmente, cuando la tecnología madurara. Lo que se escuchó en la conferencia “Eficiencia que genera valor: ¿cómo la IA está redefiniendo el consumo energético, la productividad y la competitividad industrial?” sugiere que ese horizonte ya lo cruzamos. La IA está redefiniendo la forma en que la industria gestiona y optimiza su consumo energético; y eso nos obliga a hacernos una pregunta necesaria: ¿estamos incorporando esa capacidad a la manera en que acompañamos a nuestros clientes, o seguimos operando con las mismas herramientas de hace cinco años mientras hablamos de innovación?
Un cambio de lenguaje que en realidad es un cambio de fondo
Algo que se confirmó a lo largo del día, más que descubrirse, es que la eficiencia energética ya no se discute como un costo operativo, sino que se discute como estrategia de crecimiento. Es una diferencia sutil en las palabras, pero profunda en las decisiones que genera: una cosa es preguntarse cuánto cuesta ser eficiente, y otra muy distinta es preguntarse cuánto se pierde por no serlo. El foro dejó la sensación de que cada vez más empresas y cada vez más bancos están haciendo esa segunda pregunta.
Lo que realmente hace fallar un proyecto
Quizás el aprendizaje más importante del día fue este: los proyectos de eficiencia energética casi nunca fracasan por falta de presupuesto o de equipo, fracasan por falta de cultura de comisionamiento, por no dedicar el tiempo de verificar que lo instalado funcione realmente como fue diseñado. Es una idea incómoda para cualquier industria orientada a la tecnología, porque nos recuerda que la parte más difícil de un proyecto rara vez es la técnica. Es la disciplina de revisar, validar y sostener lo que ya se construyó. Ese es, en el fondo, el trabajo que hacemos en KINENERGY, y escucharlo nombrado así, desde fuera, confirma que noes un detalle menor del negocio: es el corazón de él.
Una audiencia que habla de lo mismo desde lugares distintos
Algo que llamó la atención fue la diversidad de quienes estaban en la sala: banca, universidades, proveedores de soluciones solares, empresas de equipo pesado, retail, hospitalidad, luxury por mencionar algunos. Cada uno llegó con su propio vocabulario (mapas de calor y rotación de locales para unos, retrocommissioning para edificios ya construidos para otros, bonos y finanzas verdes para los del lado financiero) pero todos terminaban hablando de lo mismo: cómo hacer que la infraestructura existente, y la que está por construirse, consuma menos y rinda más. Da la impresión de que la eficiencia energética dejó de ser un tema sectorial para convertirse en un lenguaje común entre industrias que antes casi no se cruzaban.
Dos retos que no son técnicos, sino humanos
Si algo queda claro después de un día así, es que los grandes obstáculos del sector no están en la ingeniería; están en la cultura: en esas empresas que llevan veinte o treinta años haciendo las cosas de la misma manera y que ven el cambio como un riesgo antes que como una oportunidad. Y están también en el marco regulatorio, en la distancia que todavía existe entre las licencias de operación y las políticas energéticas que se están discutiendo a nivel nacional y global. Son retos que no se resuelven con más tecnología, sino con más acompañamiento, con más paciencia para explicar el por qué antes que el cómo. Ahí, creemos, está el papel que le corresponde jugar a empresas como la nuestra: no solo ejecutar, sino acompañar el proceso completo, desde la idea hasta la evaluación técnica y la gestión del proyecto.
Un plazo que parece lejano y no lo es
Se habló de duplicar la capacidad de energía renovable para el año 2030. Escuchado así, en abstracto, suena a un objetivo de largo plazo, pero basta hacer la cuenta de cuánto tiempo toma desarrollar, financiar y ejecutar un proyecto energético para darse cuenta de que 2030 ya no es el futuro: es el próximo proyecto que hay que empezar a estructurar. Esa es, quizás, la reflexión más urgente de todas: lo que parece lejano en el calendario suele estar mucho más cerca en la práctica.
Sobre las conversaciones que vienen
Es probable que en los próximos meses sigamos escuchando hablar de Smart Building de infraestructura crítica y de data centers con la misma intensidad con la que hoy se habla de inteligencia artificial aplicada a la energía. No son temas nuevos, pero sí son temas que están tomando un peso que antes no tenían.
Lo que nos llevamos de este evento es una confirmación: la eficiencia energética ya no se discute como una opción técnica, sino que se discute como una condición para seguir siendo competitivos.
