Durante años, una parte importante de la operación de data centers se sostuvo sobre una premisa que parecía incuestionable: mientras más frío estuviera el site, mejor sería el desempeño del equipo; sin embargo, esa lógica ya no responde a la realidad operativa actual.
Durante años, una parte importante de la operación de data centers se sostuvo sobre una premisa que parecía incuestionable: mientras más frío estuviera el site, mejor sería el desempeño del equipo; sin embargo, esa lógica ya no responde a la realidad operativa actual. La evolución de la carga térmica, el aumento en la densidad de los equipos y la presión por mejorar eficiencia energética obligan a revisar no sólo la tecnología de enfriamiento, sino también la mentalidad con la que se diseñan y operan estos espacios.
La gestión térmica en centros de datos dejó de ser una decisión de confort o de intuición, hoy es una variable crítica de desempeño, costo y confiabilidad.

En los años noventa, la densidad térmica de un data center rondaba los 100 watts por pie cuadrado. Hoy, con la llegada de la inteligencia artificial y de equipos de alta densidad y alto desempeño, esa carga ha crecido hasta cerca de 10,000 watts por pie cuadrado. Ese salto redefine por completo la conversación sobre enfriamiento. Ya no se trata sólo de disipar calor, sino de hacerlo con una estrategia que no dispare el consumo energético de la instalación.
El reto es mayor si se considera que el enfriamiento representa entre 30% y 50% de la energía eléctrica total de un data center. En otras palabras, una mala decisión térmica no sólo afecta condiciones operativas: impacta directamente el costo total de operación.
En un data center, el aire frío es impulsado hacia los equipos, absorbe calor y regresa a las unidades CRAC a temperaturas entre 28 y 35 °C para ser enfriado nuevamente.
Sin embargo, en la práctica, este ciclo se distorsiona por:
El resultado es crítico: el sistema enfría más, pero controla menos.
En 2003, ASHRAE integró el capítulo TC 9.9 para reunir a ingenieros, especialistas en instalaciones y fabricantes de equipos IT, con el objetivo de generar guías que reflejaran las tolerancias reales de los equipos. Ese trabajo se enfocó en cinco ejes: evolución tecnológica, eficiencia energética, fiabilidad operacional, costos de operación e impacto ambiental.
A partir de esa evolución, la industria empezó a dejar atrás la idea de que un data center debía operar forzosamente a 18 o 20 °C. Durante mucho tiempo, esa práctica generó la falsa sensación de seguridad térmica, pero en la práctica implicaba consumos muy altos, mayor desgaste del sistema de aire acondicionado y una operación poco eficiente, especialmente en climas cálidos.
Hoy, la evolución de los equipos y de los sistemas de climatización permite trabajar en rangos distintos. Donde antes se pensaba en temperaturas de inyección de 15 a 18 °C, ahora es posible trabajar entre 24 y 27 °C, siempre y cuando esa temperatura realmente llegue al punto de entrada del equipo.
La lógica es clara: un data center no necesita estar cada vez más frío; necesita operar dentro de rangos adecuados, medidos correctamente y compatibles con la realidad del hardware actual.
Dentro de esta evolución, ASHRAE ha definido distintas clases de operación. Entre las más relevantes para este análisis se encuentran las clases A1, A2, A3, A4 y H1, mientras que las clases B y C quedan fuera de este enfoque, ya que responden más a estaciones de trabajo o equipos que no requieren las condiciones específicas de un data center corporativo.
Entre estas categorías, la clase A2 destaca hoy como la opción que ofrece el mejor balance para la mayoría de los proyectos nuevos, especialmente en data centers corporativos. Se considera la categoría más conveniente para cerca del 80% de los nuevos desarrollos, ya que combina rangos de operación más amplios con condiciones que siguen siendo seguras para la mayoría de las aplicaciones.
Este punto es clave porque permite entender que el cambio térmico no responde a una decisión arbitraria, sino a una evolución respaldada por la capacidad real de los equipos para operar en condiciones más amplias sin comprometer su desempeño.
Uno de los errores más comunes en campo es asumir que una lectura de sala refleja lo que está recibiendo el servidor. En muchos casos, la medición se hace cerca del retorno, o incluso con instrumentos colocados en puntos que no representan la entrada de aire real al equipo.
ASHRAE establece un protocolo claro: la temperatura debe medirse en las tres alturas frontales del rack, a 30 cm, 1.20 m y 1.80 m, esto responde al fenómeno de estratificación. El aire frío entra desde el piso falso, mientras que el aire caliente tiende a subir, por lo que el tercio superior del rack suele convertirse en el punto más crítico y desfavorable.
Puede existir una diferencia real de hasta 8 °C entre un sensor colocado en pared o cerca de una referencia de sala y la temperatura de entrada al rack en su zona superior. Esa diferencia cambia por completo la lectura del sistema y explica por qué muchos sites creen estar operando correctamente cuando en realidad no están entregando el aire donde importa.
Además, el diferencial de temperatura entre entrada y retorno también debe vigilarse, el rango adecuado se ubica entre 10 y 15 °C. Si el retorno sube demasiado, puede haber deficiencias de distribución o exceso de densidad. Si el diferencial cae por debajo de lo esperado, puede existir bypass de aire frío.
Existen fallas operativas muy concretas que afectan el comportamiento térmico del site como:
Estas condiciones generan dos efectos simultáneos: por un lado, aumentan el consumo de los equipos de aire acondicionado; por otro, crean la ilusión de que el sistema trabaja bien cuando en realidad la distribución está fallando. El problema, entonces, no siempre está en la capacidad del enfriamiento, sino en la forma en que el aire se está aprovechando o desperdiciando dentro del cuarto.
La propuesta de optimización se organiza en un orden ascendente que no debe alterarse. Ese orden se resume en el marco de las 4 R:
La lógica del método es simple: no tiene sentido optimizar controles si antes no se corrigieron los problemas físicos de distribución.
La gestión de humedad es otra de las áreas donde una lectura tradicional puede inducir decisiones ineficientes. La humedad relativa disminuye cuando la temperatura sube, incluso si la cantidad real de humedad en el aire no cambia, eso puede activar humidificación sin una necesidad real de control.
El problema es operativo y económico; la humidificación consume agua y también energía, con un impacto que puede representar entre 3% y 8% del total. En rangos de operación más altos, especialmente entre 25 y 27 °C, el punto de rocío se vuelve una referencia más estable y útil porque responde mejor a la condición real del aire.
Ese cambio permite reducir la humidificación innecesaria, disminuir el consumo de agua y mantener una estrategia de control más coherente con la realidad térmica del site. Cuando se trabaja con humedades más bajas, desde luego, se vuelve indispensable reforzar medidas antiestáticas para el personal y las operaciones dentro de sala.
El sweet spot es el rango en el que el aumento de la temperatura de operación genera el mayor beneficio antes de que los rendimientos comiencen a disminuir. La relación entre temperatura y ahorro no es lineal: los primeros incrementos concentran la mayor parte del impacto positivo, mientras que después el beneficio adicional empieza a ser menor.
Por eso, el rango entre 24 y 26 °C se vuelve especialmente valioso, ya que ahí se alcanza un equilibrio atractivo entre ahorro energético, menor riesgo y estabilidad operativa. Aumentar la temperatura de forma controlada dentro de ese intervalo no solo reduce la carga del sistema de enfriamiento, sino que también mejora la lógica general de operación del data center.

Mover un data center hacia un rango térmico más eficiente no es un ajuste improvisado, requiere diagnóstico, corrección física y seguimiento continuo.
El proceso comienza con mapeo térmico, documentación del consumo real, detección de puntos calientes y análisis de bypass o recirculación, después se corrigen las condiciones básicas del site con la secuencia de las 4 R. Solo entonces tiene sentido iniciar incrementos graduales de temperatura, primero en pasos pequeños y después con ajustes mayores, siempre acompañados de monitoreo continuo y validación operativa.
La parte técnica también exige alineación interna. Cambiar set points en un data center suele generar resistencia, especialmente si cualquier evento posterior se atribuye automáticamente a la nueva temperatura. Por eso, además del criterio de ingeniería, la implementación requiere comunicación clara, capacitación y capacidad de respuesta.
Si tu equipo está revisando estrategias de enfriamiento, control operativo o eficiencia térmica en data centers, vale la pena abrir una conversación técnica basada en datos reales de operación, mapeo térmico y criterios de implementación graduales. Para diagnóstico, revisión o dudas, escríbenos a hola@kin.energy.
